
Con una mirada profunda y sensible sobre el trabajo, los vínculos y lo femenino, el cortometraje Un deseo, otra pregunta y una medalla de Anahí Sinatra fue reconocido como el ganador de la Competencia Argentina de Cortometrajes del Festival Latinoamericano de Cine Gerardo Vallejo.
El jurado destacó la obra por su dirección precisa, actuaciones conmovedoras y una narrativa íntima y sólida, que construye una experiencia cinematográfica tan sutil como contundente.
Para su creadora, recibir este reconocimiento representa mucho más que un premio. “Gratitud, honor y un reconocimiento muy valioso. Considero al Festival Latinoamericano de Cine Gerardo Vallejo un espacio cultural de gran importancia y encuentro para nuestro cine. Estoy absolutamente agradecida al jurado por la selección y por su veredicto tan amoroso”, expresó.
«Un cuento acaramelado con tintes de limón»:
Al describir su obra ganadora, Anahí la define con la metáfora “Un cuento acaramelado con tintes de limón”. La dulzura, la acidez, la ternura y lo inesperado se entrelazan en un relato que habla de los distintos sabores que tiene la vida.
“De eso se trata nuestra pieza audiovisual: de los distintos sabores a los que estamos expuestos en la vida y de cómo, a partir de ellos, aprendemos, evolucionamos, nos vinculamos y accionamos. Una transformación constante de nuestros roles que se ve atravesada por los distintos puntos de vista. La espera como momento de vivencia, en presente, en movimiento, y no como pausa inactiva”.
El proyecto, que se gestó a lo largo de varios años, se nutrió de experiencias personales, vínculos cercanos y una construcción colectiva marcada por la sensibilidad y el compromiso artístico del equipo: «Cada una de las personas del equipo sumó un único y nuevo ingrediente que es hoy el motor de esta historia. Historia que nace de nuestra propia realidad, de lo vivido, de lo sentido», agregó.
Por otra parte, aseguró que más allá del guion y la planificación, hubo un elemento clave que transformó la experiencia del rodaje: el vínculo real entre sus protagonistas. Una madre actriz interpreta junto a su hija, una niña, escenas inspiradas en situaciones reales.
El desafío claramente fue el disparador: el vínculo real de nuestras actrices. Ficción que nos superó ampliamente en la etapa de rodaje cuando comenzamos a darle cuerpo a las palabras y la imagen elevó la magia. Poder haber logrado el clímax soñado es el gran mimo que abrazo junto a la experiencia.
Anahí resalta que este trabajo no solo fue una apuesta artística, sino también un proceso de transformación personal.
Fue y sigue siendo una creación muy inspiradora. Un proceso de reaprendizaje y deconstrucción de mis propias creencias. ¿Qué es ser hija? ¿Cómo es ser hija? ¿Cómo sería ser madre? ¿Qué pasa cuando no es solamente eso lo que nos mueve? ¿Qué es el deseo? Allí se sembró la semilla de la curiosidad. Encontrando verdad en el amor como motor para seguir haciendo lo que más me gusta hacer: crear.
Como cierre, Anahí Sinatra aconsejó a quienes estén dando sus primeros pasos en la dirección audiovisual. «Mientras estudiaba Diseño de Imagen y Sonido (FADU-UBA) tuve una docente muy querida que siempre me decía: “Si vos querés dirigir tenés que filmar, filmar y filmar. Aferrarte a eso que te mueve con convicción e ir por ello”. Es una frase que tengo muy presente y creo que es el mejor consejo que puedo dar. Corazón, sinceridad, estudio y dedicación», concluyó.

